crivaly | 2017
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2017

Ni una sola vez imaginé que este año acabaría así.

Lo empecé con miedo, ansiedad y muchas más sensaciones imposibles de describir. Pensando en la muerte, en la vida, en el dolor y en la incertidumbre. Pegada al teléfono y a la silla de ruedas que me ayudó a salir de casa en los peores momentos.

Lo empecé con amor, completamente enamorada, con pareja y con ilusiones de construir un futuro juntos. Un futuro por el que luché con uñas y dientes. Un futuro que merecía junto a ti, que merecíamos los dos.

Lo empecé con esperanza, aunque a veces dudaba y caía.

Lo empecé pensando qué ocurriría a mi alrededor cuando yo no estuviera. Pero aquí sigo.



Había pocas cosas claras, pero una de ellas era seguro. Estábamos juntos y queríamos estarlo.



Llegó el trasplante. Me trastorné. El dolor me hizo perder la cabeza. No podía aguantar allí ni un segundo más.

Superé la operación, el rechazo y 29 días en el hospital, pero me tuve que ir. Poco a poco, en casa, fui recuperándome de la locura que rondaba mi cabeza.

Tu cariño y compañía. El cuidado de mi familia. Las ganas de vivir. Todo había vuelvo a empezar.

Había quedado lejos esa cuenta atrás y la vida comenzó de nuevo.



Entonces, sin darme cuenta, fuiste desapareciendo. Te fui perdiendo. Desapareciste.



A veces dudo que hayas existido. ¿Serás fruto de mi imaginación? Algo tan grande no se esfuma así, de la noche a la mañana, pero tú si.



Siempre creí que estaríamos juntos para siempre.Pero todo fue un sueño.

No hay culpables, Nada existió. Nada fue real.

Ahora toca despertarse de esta pesadilla que estoy viviendo y seguir respirando.



El 2017 ha sido sin duda el año más difícil de mi vida: un trasplante que me ha hecho sufrir hasta el infinito, pero que preferiría vivirlo mil veces antes que volver a sentirme como lo he hecho con tu ausencia, tu indiferencia.
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